![]() |
![]() |
|
|
|
||||||||||||||||||||
![]() |
REVISTA JURIDICA | |||||||||||||||||||
![]() |
||||||||||||||||||||
|
|
ALGUNOS ASPECTOS POLÍTICOS Y JURÍDICOS DEL OBISPO DE PUEBLA SALVADOR BIEMPICA Y SOTOMAYOR (1790-1802)* Juan Pablo SALAZAR ANDREU SUMARIO: I. Introducción. II. Obispado en Puebla. III. Bibliografía. I. INTRODUCCIÓN En la difícil década de 1790-1800, cuando en Nueva España soplaban vientos de emancipación y en la flamante Intendencia de Puebla, don Manuel de Flon compartía con los prelados, el puesto político de mayor relevancia en Puebla. Era necesaria la presencia de un obispo que contrarrestara la difícil situación del Obispado de Puebla de los Ángeles, cuyos ingresos económicos habían disminuido considerablemente, debido a una fuerte crisis económica, en el otrora pujante territorio poblano, lo que situaba a la Diócesis angelopolitana en el tercer puesto de importancia en Nueva España, después de México y Morelia. Precisamente ese pastor fue don Salvador Biempica y Sotomayor. En 1762, don Salvador fue designado canónigo de la Catedral de Valladolid, en la provincia de Michoacán. Aparte era caballero de la Orden de Calatrava. Se le permitió llevar a Nueva España a dos criados: Vicente de Villar Soto y Martín Cid de Carriazo. 1 En el año de 1763, don Salvador y sus acompañantes se embarcaron hacia América y después de varios meses de travesía, llegaron a costas novohispanas, para después dirigirse a tierras michoacanas. Después de 12 años de arduo trabajo como miembro del Cabildo Catedralicio, en 1775 Salvador Biempica es designado chantre de la Catedral de Valladolid.2 Así las cosas, durante varios años el chantre Biempica desempeñó su cargo con gran acierto, lo que motivó a la Corona española a encomendarle la itra angelopolitana, en el año de 1790, merced al fallecimiento del obispo Echeverría. La carrera eclesiástica de don Salvador era impresionante: 27 años como canónigo y chantre de la Iglesia de Valladolid, además de que la Corona española lo honró con una canonjía de la Catedral de Toledo.3 En los ejecutoriales de monseñor Biempica se establece que: ...dentro de cuatro meses de haber tomado posesión, la mesada eclesiástica que debe satisfacer por razón de su presentación al enunciado obispado, así de lo que corresponde a la gruesa de diezmos que me pertenecen por privilegios apostólicos, como a los otros emolumentos y obvenciones, con más el 18% de su conducción a estos reinos, con arreglo a lo últimamente mandado por reales cédulas de 21 de diciembre de 1763 y 26 de enero de 1777...4 El 6 de agosto de 1790, se leyó en el Cabildo Poblano, otra carta del obispo Biempica avisando de su llegada al puerto de Veracruz.5 Después de varios días de travesía por el territorio de su obispado y con destino a Puebla, don Salvador se percataba del estado que guardaban las poblaciones del camino Veracruz-Puebla. El 27 de agosto de 1790, hizo su entrada a la ciudad de los Ángeles, don Salvador Biempica y Sotomayor. Precisamente en este año, López de Villaseñor refiere que hubo una aurora boreal "que creyeron fuego del cielo y a no ser por el señor intendente (Flon) que salió a caballo a desengañar a el pueblo habría habido tanta turbación como en México donde tocaron plegarias, descubrieron a el divinísimo e hicieron otras demostraciones de espanto".6 Instalado en la silla episcopal, monseñor Biempica inició su pontificado, designando como secretario a José Mariano Beristain, canónigo de la Catedral de Vitoria, España y a quien trajo como su hombre de confianza. En el mes de marzo Beristain celebró el matrimonio de López de Villaseñor. 7 En agosto de 1791, el Obispo de Puebla envió un comunicado al presidente del Consejo de Indias, señalándole que han informado al rey de la votación de la Canonjía lectoral, donde se promovió a Juan de Dios Olmedo como tesorero de la Catedral de Puebla y en donde se cometieron agravios en contra de su secretario, don José Mariano Beristain.8 Según Biempica, el señor Beristain era originario de la ciudad de Puebla, donde fue bautizado. Refiere que desde niño sirvió a la Iglesia poblana, y que realizó sus estudios en el seminario tridentino (fundado por el obispo Palafox). Luego marchó a España, en donde enseñó teología en la prestigiada Universidad de Valladolid en donde fue siete años catedrático. Años más tarde, obtuvo por oposición la Canonjía lectora de la Catedral de Vitoria. De ahí que don Salvador lo trajese a Indias, en donde destacó en su calidad de secretario de Cámara y Gobierno: Y la experiencia del primer año, que es el más espinoso, me ha hecho conocer en el doctor Beristain un eclesiástico laborioso, exacto, modesto y capaz de desempeñar las funciones más arduas del ministerio. Por lo que se lo propongo a Vuestra Majestad —señala Biempica— como el más digno para la expresada canonjía lectoral de esta Iglesia.9 II. OBISPADO EN PUEBLA En el primer año de su gestión episcopal, monseñor Biempica había mantenido su primera escaramuza en el Cabildo, toda vez que era imprescindible contar en el Cabildo con un aliado valioso como lo era Mariano Beristain. El 11 de enero de 1792, el gobernador de Veracruz realizó un informe acerca de la visita que realiza en tierras veracruzanas, el obispo de Puebla de los Ángeles, monseñor Biempica.10 Evidentemente que esta primera visita realizada por don Salvador, obedeció a las necesidades materiales y espirituales que descubrió durante el viaje que realizó del puerto a la ciudad de los Ángeles, y que se comentó en anteriores párrafos. Un año después de realizar la primera visita pastoral en territorio de su obispado, el obispo angelopolitano envió comunicados a las autoridades reales, informándoles de las necesidades de su diócesis. El 20 de marzo de 1793, monseñor Biempica informó al secretario de Guerra y Justicia, Pedro de Acuña, acerca de las carencias del obispado poblano y de su intervención para que el rey conociera más a fondo la cuestión.11 En otra carta de idéntica fecha dirigida al monarca, monseñor Biempica le informó, que en virtud de la Real Cédula de 18 de octubre de 1792, que ordenó hacer del conocimiento real, las necesidades más apremiantes de la diócesis y que son el apoyo económico de los cinco colegios de niñas: vírgenes, San José de la Gracia, Jesús María, Nuestra Señora de la Merced y la Enseñanza. Dichos centros de aprendizaje de niñas se encontraban — según Biempica— en decadencia y gran necesidad. Además añade: Con la mira de que lo lograsen innumerables niñas pobres y de las mejores obligaciones, que desde mi ingreso en esta capital fui recogiendo y distribuyendo en los cinco colegios ya nombrados, no solo les he pagado el piso y cuantos gastos es preciso erogar en su decente manutención y vestuario, sino que también les he puesto maestros de todo género y aun he surtido los colegios de algunas materias primeras en que pudiesen ejercitarse, dejándoles toda la utilidad y provecho para que sacasen de su trabajo para que fuera de su interés un nuevo aliciente que se los endulzase.12 Otras necesidades del obispado aparte de los cinco colegios de niñas, según Biempica eran: colegios para niños, conventos pobres, hospitales, cárceles y casos de reclusión. Sin embargo, la ayuda prioritaria debía destinarse a juicio del prelado poblano al Colegio de las Niñas.13 El 26 de marzo de 1794, fue nombrado virrey novohispano el marqués de Branciforte, quien arribó a tierras americanas el 12 de julio del citado año.14 Este gobernante, casado con la hermana del poderoso valido del rey Carlos IV, Manuel Godoy y Álvarez de Faria, reemplazaba en el mando, a don Juan Vicente Güernes Pacheco de Padilla, conde de Revillagigedo, hombre recto y probo, que gobernó la Nueva España de 1789-1794 y se ganó el afecto y reconocimiento de la gente, debido a las buenas gestiones administrativas durante su periodo virreinal. No así sería el papel que desempeñaría Branciforte. En julio del año de 1794, hizo su entrada en la Angelópolis el virrey, marqués de Branciforte y su distinguida esposa, hermana del valido Godoy, quienes fueron agasajados por las autoridades civiles y eclesiásticas de la ciudad.15 Para don Salvador este acontecimiento fue muy significativo, toda vez que mantuvo una armoniosa relación con el todopoderoso Godoy. La meteórica carrera de este personaje clave de la Corte de Carlos IV, se puede resumir: el 16 de enero de 1791 es designado brigadier de la Guardia de Corps; el 3 de febrero, mariscal de Campo; el 16 de julio, teniente general; el 15 de noviembre de 1792, secretario de Estado y el 25 de mayo de 1793 es ya entre otros títulos caballero de Toisón de Oro, Gran Cruz de Carlos III, consejero de Estado, secretario de la reina, gentil hombre de la Cámara y capitán general de los ejércitos.16 Este vasto currículo se fue engrosando con otras distinciones, entre las que destacan: príncipe de la Paz (1795) otorgado con motivo de la Paz de Basilea; y en 1796 hay que adicionarle el título de duque de Alcudia y la Grandeza de España de primera clase entre otros.17 El afecto de la reina Marí a Luisa contribuyó al engrandecimiento de Manuel Godoy, quien también gozó de la confianza y estimación de Carlos IV. Apoyado en los brazos reales, Godoy explotó su posición para favorecer a sus amigos y allegados, otorgándoles títulos, premios, y condecoraciones, así como ventajas económicas. Su cuñado, Branciforte, fue precisamente uno de los personajes que crecieron bajo el manto protector de Godoy. De igual manera, don Salvador Biempica y Sotomayor contó con las simpatías del valido, quien le concedió importantes prerrogativas que a continuación expongo. En virtud de la fuerte carga contributiva de la Catedral de Puebla hacia la Corona, don Salvador Biempica expuso a Godoy esta lastimosa circunstancia, suplicándole su intervención ante Carlos IV, para que se resolviese tan preocupante carga económica para la iglesia angelopolitana. Inició el prelado su epístola, comentándole a Godoy de la hospitalidad y atenciones que tuvo con el marqués de Branciforte y su hermana, con motivo de su paso por la ciudad de Puebla, previa llegada a la ciudad de México, para tomar posesión del Virreinato.18 Y justamente apunta sobre la carga contributiva del obispado: mejor acogida tendrán en Vuestra Excelencia, ya que tanto quiere hermanarse las pruebas que recientemente he dado con mi Cabildo al Excelentísimo Señor Virrey, de que no miro con indiferencia los desvelos que actualmente impende, solicitando por todas partes el mayor acopio de caudales que sufraguen las necesidades de la Corona. Luego que me significó su empeño concerté con la oferta de 16,000 pesos fuertes de donativo en este año, sacados de mi renta, y la general entrega que haría y tengo verificada por vía de préstamo de cuanto se hallaba depositado en las arcas de capellanías, obras pías y conventos de religiosas, que por todo asciende a 46,528 pesos, 4 reales y 4 granos, con el menor rédito que me ha sido posible. Y agrega: Mi cabildo por su parte considerando importuna la demanda del préstamo que hizo a la Real Hacienda en cantidad de 50,000 pesos y de que ya debía estar reintegrado si en el reclamo hubiese seguido el ejemplo de otras Iglesias, en lugar de pretenderlo, acaba de franquear también por vía de suplemento, 25,000 pesos de la fábrica espiritual, dando otros 25,000 en calidad de donativo sobre los 50,000 que poco ha(cia) había donado.19 El 12 de diciembre de 1795, el favorito Godoy contestó la misiva del obispo de Puebla de los Ángeles en los siguientes términos Muy señor mío: Estoy enterado con satisfacción, de las repetidas pruebas que el Cabildo de esa Santa Iglesia Catedral de Vuestra Ilustrísima ha dado al Rey de su fidelidad y amor, y del interés que toma en todo lo que se dirige al bien del Estado". Y concluye: "por esto y por la recomendación que Vuestra Ilustrísima me hace en su carta de 2 de junio de este año, contribuiré gustoso en cuanto pueda en mi arbitrio para que su Majestad dispense las gracias que sean de su soberano agrado en demostración de haberle sido gratos sus servicios:20 En cuanto al donativo de 50,000 pesos, dado por la Catedral de Puebla, en virtud de lo mandado por el marqués de Branciforte a comienzos del año 1795, hace referencia Carlos Marichal.21 Por lo que hace a la política religiosa de Carlos IV respecto a la Indias, que coincide con el pontificado de Biempica, muy acertadamente Sánchez Bella afirma: "El nuevo Monarca de la Casa de Borbón Carlos IV (1788-1808) continuará la tendencia regalista del reinado anterior. En algunos aspectos irá todavía más lejos, por ejemplo, en lo que se refiere a la inmunidad personal de los clérigos y las exacciones económicas al estamento eclesiástico".22 Superado el problema económico de las contribuciones del año 1795, en febrero de 1796, monseñor Biempica quien ahora tiene como secretario a Antonio Joaquín Pérez Martínez, le pide al todopoderoso Godoy una canonjía y ración vacante para su hombre de confianza.23 Un año después, en marzo de 1797, la petición de Biempica es satisfecha y la media ración es concedida al poblano, Antonio Joaquín Pérez Martínez,24 futuro obispo de Puebla y presidente de las Cortes Españolas. En el mes de octubre del año de 1797, una epidemia de la temible viruela azotó la ciudad de Puebla. Afortunadamente no causó estragos entre la población.25 El 31 de mayo de 1798, en la Villa de Orizaba (Veracruz) se dio el cambio de poderes del Virreinato. Dejaba el mando el marqués de Branciforte y era sustituido por Miguel José de Azanza, ex ministro de Guerra de Carlos IV.26 De ahí Azanza se dirigió rumbo a la ciudad de México y tuvo como paso obligado la angelópolis en donde fue recibido por las autoridades civiles y eclesiásticas de la urbe. Monseñor Biempica seguramente intercambió impresiones con el nuevo gobernante.27 Azanza se enfrentó a un reino novohispano en franco estado de descomposición. Coincido plenamente con Te Paske, en que la época de la independencia se encuentra enmarcada en el contexto del derrumbe del sistema fiscal imperial de la Nueva España, entre otros factores.28 Precisamente las fuertes exacciones económicas a las diócesis novohispanas y al clero regular, calentaron los ánimos de la Iglesia novohispana. Para colmo, la abrogación de la inmunidad eclesiástica del clero, prendió más fuego a la hoguera del descontento del sector espiritual. Fue en Puebla donde precisamente se suscitaron fuertes fricciones entre las autoridades civiles y eclesiásticas, con atención al problema de la inmunidad eclesiástica. En una misiva dirigida al ministro de Justicia, monseñor Biempica le comenta acerca del incidente de Manuel de Arenas, párroco de San Juan Quismixtal, quien fue conducido a una cárcel pública por el intendente Flon, en cumplimiento a los mandatos de la Sala del Crimen de la Real Audiencia de México. El asunto se inició cuando el clérigo reprendió al encargado de la justicia local por permitir que su hija se acostara con un hombre sin que se hablara de matrimonio; esto provocó el ser insultado por un magistrado en las calles de la ciudad. Furioso por esta conducta de un chino casado con una mulata, el cura dispuso que el agente de la Corona fuese detenido por el gobernador local de la comunidad indígena. Entendiendo que la acción del padre Arenas podía interpretarse como un ataque a la jurisdicción real, el provisor del obispado ordenó al sacerdote salir de su parroquia y lo envió a un convento de la orden de San Francisco de Puebla, mientras se llevaba a cabo la investigación del caso. Fue en ese momento cuando la Sala del Crimen de la Real Audiencia de México, al recibir la queja del magistrado agraviado, instruyó al intendente Manuel de Flon a encarcelar al padre Arenas. Flon ejecutó la orden y envió a varios soldados al convento para proceder en contra del clérigo y escoltarlo hasta la cárcel pública. Tan grave circunstancia fue un escándalo en la ciudad de Puebla y en el Virreinato, lo que motivó que el obispo Biempica se valiera de su influencia para evitar un levantamiento popular. Además el prelado angelopolitano, apeló ante la Audiencia de México, la cual decretó la libertad del padre Arenas y conforme a derecho, pidió a Biempica que iniciara un proceso. Sin embargo el obispo de Puebla se preocupó por las consecuencias del conflicto. Perdida su inmunidad, el clero secular estaba expuesto a la calumnia de los magistrados locales, sujetos de no muy buena calidad moral. Incluso el subdelegado de Tetela, en cuya jurisdicción ocurrió el incidente por un individuo muy controvertido. También otros tres sacerdotes de la Diócesis de Puebla de los Ángeles habían sido encarcelados en atención a denuncias formuladas por magistrados de distrito a la Sala del Crimen de la Real Audiencia de México.29 El obispo Biempica escribió al monarca una epístola en donde aceptaba en teoría al derecho real de restringir la inmunidad en crímenes excepcionales o atroces, pero argumentaba que en contra de la intención del rey estaban utilizando la ley en "espíritu de prevención y desafecto a la Iglesia y a sus ministros".30 Un año antes en España (1748), Godoy a través de Jovellanos, ministro de Gracia y Justicia, con jurisdicción en asuntos religiosos inició la desamortización de bienes eclesiásticos, apoyado en otros notables funcionarios como Soler y Saavedra.31 Indudablemente que el obispo poblano, molesto por los conflictos con las autoridades civiles, motivados por el problema de la inmunidad eclesiástica, debe haberse angustiado por las medidas adoptadas en Españ a contra la economía del clero en el año de 1798. En el marco del año de 1799, el problema de la inmunidad eclesiástica de Puebla, hay que añadirle el de la Conjuración de los Machetes, el cual fue resuelto por el virrey Azanza con mano suave y espíritu conciliador. Quizás esta actitud virreinal, haya provocado su remoción, toda vez que el 29 de abril de 1800, en la Villa de Guadalupe, Azanza cedió el mando a su sucesor Félix Berenguer de Marquina.32 Mientras tanto, en España los conflictos entre el Estado y la Iglesia subían de tono debido al fallecimiento del papa Pío VI, que dio pie al polémico decreto de Urquijo, aunque la elección del cardenal Chiaramonti como Pío VII, apaciguo los ánimos. En el conclave para la elección del Papa Pío VII, participó el Cardenal Lorenzana, quien fuera Arzobispo de México y Toledo.33 En la transición secular 1799-1800, monseñor Biempica defendía con valor y talento los intereses políticos jurídicos y económicos de su diócesis. Por un lado el problema de las exacciones económicas, por el otro el de la inmunidad eclesiástica. Además, a estos dos problemas debemos agregarle un tercero que debe haber inquietado hondamente al obispo y a su cabildo: la división del obispado. En el año de 1800, la Corona española presentó un proyecto para la erección de tres nuevas diócesis novohispanas, utilizando territorios de las diócesis ya existentes. Dichos obispados se establecerían en Veracruz, en la costa de Acapulco, y en San Luis Potosí. De todas las diócesis del Virreinato de la Nueva España, la que perdería más extensión territorial y cedería mayor número de parroquias con la nueva división episcopal, sería la mitra angelopolitana. De ahí que el obispo Biempica y el cabildo catedralicio pidieron más tiempo para estudiar con detenimiento la propuesta regia. También el monarca ordenó a intendentes, obispos y cabildos a emitir su parecer acerca de su proposición.34 Las tres diócesis que se pretendían establecer afectaban al obispado poblano, pero en distinta forma, por lo cual, el clero poblano se dispuso a jerarquizar su defensa. La propuesta de erección del obispado de San Luis Potosí, implicaba para Puebla perder la bahía de Tuxpan; el proyecto de erección de la Diócesis de la Costa Sur con sede en Chilapa, traía como consecuencia la pérdida de 38 parroquias; aunque la propuesta más nociva era la de establecer una diócesis en la costa atlántica, con sede en Veracruz, ya que se perdería un territorio muy rico y poblado, lo que afectaría a los diezmos.35 Tan espinoso asunto, se alargó en el tiempo, de manera que don Salvador ya no pudo presenciar su desenlace. Aunque bien sabia que bajo el pontificado de monseñor Lardizábal Elorza, la Corona española encabezada en esa época por Felipe V, pretendía establecer un obispado que fuese en territorio de la costa atlántica o la costa pacífica del obispado angelopolitano. Pero dicho proyecto que incluso en los ejecutoriales de los sucesores de Lardizábal les ordenaba realizar la partición del obispado, nunca se llevó a cabo, teniendo dormido el proyecto. De manera que Biempica y su cabildo deben haber razonado la posibilidad de que la propuesta de Carlos IV, corriese con igual suerte que la de sus antecesores en el trono español.36 Un cuarto conflicto que se le presentó al obispo de Puebla de los Ángeles, fue el relativo al reconocimiento que hizo la autoridad virreinal a su condición de vicepatrono de la iglesia poblana. La resistencia del cabildo de la Catedral de Puebla a conferir al intendente Flon, los honores correspondientes a su investidura de vicepatrono, en las ceremonias religiosas, motivaron al intendente Flon a suspender su asistencia a la iglesia durante varios meses, llegando al extremo de no asistir a los honras fúnebres del difunto rey Carlos III, por considerar más conforme a la dignidad real; no asistir a tan magno evento "que haber concurrido cediendo sus regalías y sin la autoridad y distinción que S.M. manda".37 Esta fricción provocó que Flon comentara a Porlier que la prepotencia de los eclesiásticos poblanos, hiciera necesario el reconocimiento de su prerrogativa como vicepatrono de la Iglesia de Puebla. De ahí las numerosas consultas que dirigió al virrey, pidiéndole que le aclarase expresamente los honores que el Cabildo debía rendirle. Aún así el Cabildo Catedralicio se negó a reconocer a Flon como vicepatrono de la Iglesia.38 A pesar de la actitud desafiante del cabildo, el intendente siguió insistiendo ante la Corte de Carlos IV la necesidad de que los eclesiásticos poblanos le reconociesen como vicepatrono de la Iglesia. En una misiva dirigida a Soler afirmaba: "Los cabildos eclesiásticos nos han negado los honores que al vicepatrono real son anexos, y de este modo nos han privado de considerable parte de representación en ese fuero, que es en estos dominios el más extenso".39 Aunque el nulo reconocimiento por parte de Flon a la dignidad del obispo poblano, al parecer era lo que motivaba la actitud reacia del cabildo catedralicio hacia el intendente. De ahí que monseñor Biempica, expresara ante el monarca que Flon en sus escritos dirigidos al prelado, le negaba el tratamiento de ilustrísimo señor. Sin embargo el monarca dio la razón al intendente, con fundamento en la Ordenanza de Intendentes, pero dispuso que en adelante se observase la antigua costumbre de tratar como ilustrísimo señor a los obispos.40 En el mes de abril de 1800, hizo su entrada en Puebla el virrey Marquina.41 Un mes antes, un fuerte movimiento telúrico provoca que en una ceremonia religiosa en el Templo de la Soledad, los feligreses y clérigos abandonen en el interior del Templo a su obispo.42 El 4 de abril de 1802, don Salvador consagró como obispo a don Antonio de Bergosa y Jordan, en una solemne ceremonia que tiene como marco a la Catedral de Puebla.43 Meses después, con un obispado en decadencia económica y política, con varios conflictos en el ámbito real y virreinal, monseñor Biempica no puede más y fallece el 2 de agosto de 1802 a las 4 de la tarde. El viernes 6 de agosto se llevan a cabo su entierro y queda como gobernador de la sede vacante el arcadiano Manuel González de Campillo, quien tiempo después se convertiría en su sucesor.44 Curiosamente el sitio donde se encuentran hoy en día enterrados los obispos de Puebla es en el tabernáculo que precisamente mando a construir monseñor Biempica, bajo la dirección del célebre artista don Manuel Tolsá. Un significativo suceso que merece comentario aparte, es el relativo a que don Salvador instituyó que los días 12 de febrero de cada año, los devotos poblanos de la Virgen de Guadalupe, acudieran a la Villa a rendirle su culto y devoción. El 11 de febrero de 1791, tuvo su origen esta tradición, cuando el obispo Biempica se dirigió hacia la villa de Guadalupe por primera vez.45 III. BIBLIOGRAFÍA Fuentes impresas BRADING, David A., Una Iglesia asediada: El Obispado de Michoacán (1749-1810), México, 1994. CORDERO Y TORRES, Enrique, Diccionario general de Puebla, Puebla, 1958. EGIDO, Teófanes, Carlos IV, Madrid, 2001. FARRIS, N. M., La Corona y el clero en el México Colonial. 1579-1821. La crisis del privilegio eclesiástico, México, 1995. GARCÍA PÉREZ, Rafael D., Reforma y resistencia: Manuel de Flon y la Intendencia de Puebla, México, 2000. GARCÍA SESMA, Manuel, Navarros en México, Lograña, 1990. GONZÁLEZ SANTOS, Luis, Biografía histórica de Godoy, España, 1994. LOMELÍ VANEGAS, Leonardo, Breve historia de Puebla, México, 2001. LÓPEZ DE VILLASEÑOR, Pedro, Cartilla vieja de la nobilísima ciudad de Puebla (1781), México, 1961. MARICHAL, Carlos, La Iglesia y la crisis financiera del virreinato 1780-1808. Apuntes sobre un tema viejo y nuevo en las finanzas públicas en los siglos XVIII y XIX, 1998. SÁNCHEZ BELLA, Ismael, Iglesia y Estado en la América española, Pamplona, 1991. TE PASKE, John Jay, " La crisis financiera del virreinato de Nueva España", Finanzas públicas en los siglos XVIII-XIX, México, 1998. TORNER, Florentino M., Resumen integral de México a través de los siglos, México, 1967. Fuentes manuscritas Archivo General de Indias, Sevilla (A. G. I.) Contratación 5506 Estado 41 núm. 21 y núm. 26. México 2574, Ejecutoriales y presentaciones de la Catedral de Puebla, 1630-1821. México 2577, Cartas y expedientes de los obispos de Puebla de los Ángeles, 1777-1818. Archivo General de la Nación, México (A.G.N) Correspondencia diversas: Autoridades. Volumen 46. Inquisición 1780, volumen 1207. Reales Cedulas, volumen 106. * Algunas abreviaturas que utilizaré en este texto son: A. G. I. Archivo General de Indias (Sevilla); A. G. N. Archivo General de la Nación (México); N. Número; R. Registro; R. C. Real Cédula. Notas:
|
![]() |
![]() |
||