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REVISTA JURIDICA | |||||||||||||||||||
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BAJO EL SIGNO DE CAÍN. EL SER ATÁVICO Y LA CRIMINOLOGÍA POSITIVA EN MÉXICO* José Ramón NARVÁEZ HERNÁNDEZ** A las escuelas penalistas de Hidalgo y Michoacán,
Nuestra tarea era la de demostrar que SUMARIO: I. Status criminalis. II. Criminología positiva. III. De los criminales mexicanos y cosas peores. I. STATUS CRIMINALIS Cesare Lombroso1 médico, psiquiatra, criminólogo, astrólogo, esoterista; comienza a reflexionar sobre la posibilidad de que pueda existir un ser humano heredero genéticamente de ciertos factores atávicos que hagan presuponer un retraso `racial´ que lo hagan tendiende al crimen, en pocas palabras un `delicuente nato´, así, sería demostrable a través de ciertos parámetros tangibles (medidas corpóreas)2 que algunos seres humanos pertenecen a una clase que permaneciendo anquilosada genéticamente en el tiempo, forman parte de un status criminales,3 que una vez situado en un contexto social específico y dándose algunas condiciones — quizá también medibles— desatará los apetitos atávicos del delincuente y lo conducirán inevitablemente a su signado y fatal destino: delinquir. Esta teoría que hoy parecería no del todo exacta, tuvo su auge en México — por no decir que en todo el mundo— y se encarnó en algunos exponentes nacionales de la criminología mexicana. No pretendo un estudio profundo sino só lo un esbozo de algunas referencias doctrinales y legislativas sobre las posibles influencias de esta escuela italiana en México, en ambos continentes se verificó una cultura de la sospecha, aún si bien social: ... que las características físicas reflejen la vida psicológica o mental, que los seres humanos puedan caber nítidamente en las categorías de los delincuentes natos o de aquellos de ocasión, vanifican las pretensiones de objetividad y de lógica de la escuela positiva, mientras la pasión clasificadora generó la tendencia a vigilar no sólo a los criminales sino también cada individuo potencialmente sospechoso. En fin, desvalorizando los derechos civiles en nombre de la defensa social.4 El camino lo ha señalado otra escuela, la del socialismo jurídico5 que contaba dentro de sus exponentes justamente a los criminólogos positivistas, ya este acercamiento resulta interesante porque pareciera una contradicción la posibilidad de `individualizar la pena´ y por otro lado socializar el derecho, pero no es así si se piensa que la crítica que hace la nueva escuela criminológica a la escuela clásica (ésta fundada por Beccaria)6 es la de ser iluminista y rígida y no tener en cuenta las condiciones de cada incriminado. Por otro lado, se sabe del gusto —o al menos no disgusto— de algunos socialistas de utilizar el término `positivo´ como algo que dotaba al sustantivo de cientificidad, es por esto que la antropología criminal creada por Lombroso7 adoptaría rápidamente el nombre de criminología positiva no en relación con el derecho positivo-escrito sino con su naturaleza cierta y tangible, más bien de corte comtiano.8 Lombroso tiene una formación médica,9 ha vivido la guerra y en esta misma guerra ha tenido la oportunidad de analizar centenares de cadá veres, observaciones que compara con aquellas que obtendrá de sus análisis en los manicomios de Lombardía. A esto se suma la fuerte influencia de Darwin10 y Haeckel, los estudios en Viena y los intercambios de ideas con dos de sus seguidores, por cierto juristas, ellos son Enrico Ferri y Rafael Garofalo. Al primero se le deben las clasificaciones y los nuevos estatus como aquél de `delincuente nato´ que después adoptaría Lombroso en todos sus escritos. Es interesante tener en cuenta que a México — sea directamente, sea a través de los juristas españoles— llega el primer Lombroso, es decir, el del ser atávico. Hago esta aclaración porque Lombroso tendría ocasión de autorrevisarse a lo largo de su vida corrigiendo su famosa obra El hombre delincuente, agregando a cada nueva reedición nuevos factores determinantes del delincuente reduciendo considerablemente el porcentaje de eficacia en la individuación de é ste. La autocorreccción más evidente que Lombroso se formularía es quizá aquella referente a otra escuela que en principio parecía una crítica al delincuente nato, la escuela francesa de la degeneración11 la cual aseguraba que los factores uterinos, sociales, familiares podían influir en el comportamiento y obviamente determinar conductas criminales, así el ser atávico puede ser uno que tiene un retraso genético pero puede también ser un degenerado que ha sufrido ciertos factores que lo han conducido por la senda del crimen, el atavismo y la degeneración no se excluyen, se complementan. La cuestión que quiero poner en evidencia es la referente a una catalogación que operó la ciencia jurídica decimonónica y de inicios del siglo XX sobre el ser humano; el sujeto jurídico moderno en el derecho penal, el destinatario del castigo, el criminal, tiene específicas características deducibles — o al menos así se pensaba— científicamente; se puede así demostrar que la frase — más bien de corte ideológica que fáctica— " progreso de la ciencia" no es siempre indefectible, en este punto en particular la ciencia moderna — a mi parecer— disolvió al hombre por decirlo en palabras de Levi-Strauss, en el caso de la ciencia jurídica moderna12 , ésta tomó las reglas rígidas de la ciencias físicas, las adaptó a la interpretación de la realidad social sin darse cuenta de que la sociedad y la historia no son fenómenos inmóbiles y materializables, o el deseo de un objeto único en el que el científico moderno podía medir y controlar; por otro lado, encuentro una paradoja ¿por qué el científico moderno se dejó influir por teorías pseudocientíficas?, tal vez resultado de un exceso de la abstracción científica, el ejemplo más claro de esto es Freud quien lograba convencer a la Academia de Ciencias austrí aca basando sus teorías a veces sólo en uno o dos casos aislados, la Academia no dudaba ni un momento y procedía después de las intervenciones freudianas a la elaboración de principios fundativos de la nobel ciencia psiquiátrica. La antropología criminal,13 también conocida como criminología biológica, rebautizada por los iuscriminólogos como criminología positiva; buscó establecer lo más claramente posible el estatus del criminal a fin de poder controlar el aumento/disminución de la criminalidad, una aspiración que llega cargada de necesidad hoy en día. El estatus criminal nace legendariamente cuando Lombroso analizaba el cráneo de un bandido calabrés de apellido Villela,14 cráneo que Lombroso conservará por siempre como el recuerdo de la iluminación que lo llevaría a concebir una especie de hombre delincuente como "una variedad infeliz de hombre más patológica que la del alienado".15 La teoría se consolida con la obra maestra lombrosiana el hombre delincuente donde consignará el atavismo "una gran parte de los locos no nacen, sino que se convierten en tales, mientras sucede lo contrario con los delincuentes".16 Entre el hombre normal y el delincuente nato, aquí existe una serie de sub estatus: demente, alcohó lico, histérico, delincuente por ímpetu, delincuente epiléptico, loco moral, delincuente habitual, delincuente de ocasión, este último el menos aprehensible para una conceptualización precisa.17 El delito, explica Lombroso, "es un estado intermedio entre el vicio y la enfermedad".18 El delincuente es un loco vicioso "Se hace por tanto legítimo someter a restricciones a los sujetos que manifestaban sí ntomas criminales como los ebrios consuetudinarios, los débiles de mente, los vagabundos, los epilépticos y así sucesivamente".19 Lombroso hablaba con la seguridad de la experiencia "los verdaderos culpables no se puede decir que poseen una mente sana; de hecho muchos de ellos están en las galeras los maniáticos, los epilépticos, los suicidas, etcétera".20 La tarea era entonces, sólo aquella de determinar las características irrefutables del estado criminal, el cual Lombroso determina en su libro El hombre delincuente: Quién ha recorrido este libro, habrá podido quizá convencerse como muchas de las características que presentan los hombres salvajes, las razas coloridas, son también, propiamente aquellas de los delincuentes habituales. Estos tienen en común, por ejemplo, la escacez de pelo, de la fuerza y del peso, la poca capacidad cránica, la frente amplia, ...el espesor mayor del hueso craneal, el desarrollo enorme de las mandíbulas, la oblicuidad de la óbitas, la piel más obscura, la cabellera más espesa y risada, las orejas en forma de asa o voluminosas, la mayor analogía de ambos sexos, la poca sensibilidad al dolor, la completa insensibilidad moral, falta de remordimientos, la imprevisión que parece a veces valentía, y la valentía que se alterna con la vileza, la grande vanidad, la facil supestición, la suceptibilidad exagerada del propio yo, y hasta el concepto relativo de la divinidad y la moral.21 Todavía Lombroso agregaría otras características como "el hábito por tatuarse" que se puede notar, tanto en los delincuentes como en el "hombre primitivo y de aquél en estado salvaje".22 Lombroso analizó 10 234 tatuados de los cuales 6,348 eran criminales o prostitutas o soldados delincuentes, el resto eran soldados; un alto número de los tatuados tenían desviación, tantas como para que Lombroso considerara al tatuaje como un elemento para distinguir a los delincuentes; si Lombroso viviera seguramente hubiera incluido el piercing. El discurso del status criminalis fue acogido con éxito en una sociedad moderna fundada en la desconfianza hacia el Otro, en el temor constante del peligro que generaban la infestación de seres atávicos que de un momento a otro podían atacar a sus víctimas: los buenos ciudadanos, entonces el Estado moderno, ya comenzado a llamarse `social´ podría intervenir con sus políticias criminológicas: La ilusión de una sociedad sin criminales. El motor de esta política fue el empeño de transformar al individuo criminal adaptándolo a la vida social y de curar su criminalidad o, en casos extremos de extinguirla suprimiéndolo, deportándolo o simplemente segregándolo vitaliciamente porque era incorregible.23 Ésta ha sido y seguirá siendo en el futuro próximo la contradicción de la naturaleza de la pena cuya raíz griega significa compensación, una parábola que va desde la ley del taleón, pasando por la deshonra del penitente, llega a la teoría de la mejora del reo y termina por regresar a su idea primigenia considerar la pena como un mal justo que se inflige, para la seguridad del orden a quíen comete un mal injusto, yo me encontraría completamente de acuerdo. Sería la teoría de la defensa. Bien entendido que creería extraño y audaz el querer deducir de los hilos arácnidos de una definición, por cuanto sublime y completa pueda ser, todo un sistema penal que decide sobre mil vidas. Sería demasiado presumir del ingenio humano, por cuanto prepotente este sea, el preferir un impulso momentáneo de ingenio, a la observación paciente de los hechos.24 Obviamente con los prejuicios que se han visto. II. CRIMINOLOGÍA POSITIVA En 1894 Enrico Ferri25 explica en su libro Socialismo y ciencia positiva,26 como socialización del derecho y positivismo no se contraponen, de hecho, es necesario el `rigor científico´ para que el socialismo se pueda proponer como un camino saludable para las ciencias sociales,27 Ferri concluye su libro con el siguiente párrafo en el que asigna al socialismo una tarea reconstructiva como aquella del cristianismo en tiempos de crisis más allá de los conatos o histerismos o inconsciencias de un regreso de la escéptica burguesía al misticismo, como salvación de la crisis moral y material, burguesía santurrona que va envejeciendo, ahora más que nunca los adversarios y seguidores, están obligados a reconocer que, así como el cristianismo durante la demolición del mundo romano, así ahora el socialismo representa verdaderamente la única fuerza que a la vieja civilización humana aporte esperanza de un porvenir mejor en nombre de una fe, no más recogida a los lances inconscientes del sentimiento, sino determinada por la conciente seguridad de la ciencia positiva.28 Ferri, declaradamente socialista, estaba por otro lado convencido de que el positivismo29 debía aportar autoridad y seriedad a las teorías socialistas, era de todo socialista la convicción de eliminar la pena de muerte pero, por otro lado, la escuela criminológica a la que pertenecía le proponía buscar el "aislamiento de los elementos de infección y el saneamiento del ambiente, en el cual se desarrollan los gérmenes" 30 este aislamiento al que Ferri llamaría "desasimilación social" no es una eliminación total pero no es tampoco una rehabilitación porque los `gérmenes´ seguirán siendo siempre gérmenes. Las metáforas con la medicina obligan al jurista a justificar situaciones contradictorias la convención de la escuela penal positiva y el uso del modelo médico-antropológico para interpretar los aspectos patológicos de la sociedad italiana, inducen al discurso lombrosiano a asumir los trazos de una sociología naturalístisca y biologizante, en la cual las causas innatas del crimen y las enfermedades degenerativas y congénitas tienen la preeminencia y la variedad de los comportamientos criminales, extiende y refuerza la idea de un medicinismo sobre la realidad. Las figuras desviadas más cercanas a lo social, más dependientes de las condiciones de la sociedad como el criminal de ocasión o los criminaloides, son excepciones que confirman la regla, afirmaciones que excluyen posibles refutaciones y garantizan la solidez y la existencia del sistema.31 La escuela lombrosiana se abre paso entre las crí ticas y las contradicciones con un éxito moderado pero asegurado, ve la luz el libro Polemica in difesa della scuola criminale positiva en 1886, firmado por Lombroso, Ferri y Garofalo.32 Ya por ese tiempo Ferri y Garofalo33 habían tenido sus malentendidos acerca de las penas sustitutivas al encarcelamiento. Las discrepancias son más bien matices: Lombroso notó que los delincuentes eran diferentes a los hombres normales, Ferri quería la organización conceptual de los grados criminales y Garofalo se propuso traducir todo esto en realidad legal y optaba por la pena de muerte.34 En aquello en lo que los tres estaban de acuerdo totalmente era en que el status criminalis existía. Existe la trascendencia del método positivo criminal en México, y no puede dejar de mencionarse una de las prácticas preferidas por estos estudiosos del crimen: la fotografía de sus indiciados, existen apuntes de Lombroso y libros llenos de diseños y daguerrotipos de delincuentes, pruebas tangibles que saltan a la vista y permanecen en el tiempo para demostrar a las generaciones futuras como los delincuentes pertenecían a una clase, a una raza bien detallada e identificada "...las fotografías de los arrestados o liberados de la cá rcel, agregadas a los datos antropométricos...hacen mucho más facil el establecer la identidad personal de los maleantes".35 Hubiese querido agregar algunos diseños del Archivo de la Antropología criminal pero dejó a la imaginación del lector la reconstrucción de los rostros que turbaban el sueño de Lombroso y paso al otro lado del Atlántico.36 III. DE LOS CRIMINALES MEXICANOS Y COSAS PEORES La nota roja mexicana consigna el caso de Francisco Guerrero "El Chalequero" de quien Francisco Martínez, criminólogo de la época, aseguró que tenía "los rasgos que caracterizaban al criminal, entre ellos su dentadura, que le recordaba la apariencia del `animal carnicero y antropoide´"37 no extraña que un artículo de la Gaceta de policía al inicio del siglo XX asegurara que "el crecimiento de la mandíbula incidía en el tamaño del cerebro y explicaba la predisposición al crimen".38 John Kolmer encontró que el 80% de los menores internados en correcionales "presentaban malformaciones cerebrales — por traumas en alumbramientos o accidentes en la niñez— y que si éstas se corregían quirúrgicamente se eliminaba la tendencia a la criminalidad". En este tenor, la citada Gaceta dice que el principio de igualdad jurídica es completamente falso porque es falso "que todos los hombres sean iguales ya no sólo desde el punto de vista de sus condiciones que podríamos llamar externas, educación, instrucción, moralidad, etcétera, ni aún siquiera por sus condiciones de miembros de una misma especie animal, por sus caracteres físico-patológicos, en una palabra, por el estado de su constitución orgánica".39 La primera traducción de Lombroso en México fue hecha en 1884 con el nombre La antropología y la criminalidad, que se publicó en El Foro, 40 poco a poco se nota hemerográficamente un interés en los siguientes 10 años en El Foro41 o en la Revista de Legislación y Jurisprudencia, 42 en cambio bibliográficamente se cuenta con las traducciones españolas, la mayoría hechas por Adolfo Posada,43 así como artículos de Pedro Dorado Montero y Rafael Salillas, los tres inscritos en el socialismo jurídico. La criminología positiva44 en México no fue tan radical como aquella europea, al menos al inicio se buscó no establecer plenamente como factor del delito una anormalidad45 físico-psíquica,46 aunque ciertamente se adoptó con rá pidez el método lombrosiano, se comenzó a estudiar a los delincuentes encarcelados, a hacerles fotografías y tomarles medidas y enlistarlos de acuerdo con sus características físicas.47 Son Martínez Baca y Vergara quienes identificarán que en un estudio que la mayoría de los delincuentes son de raza indígena, misma que por obvias razones se encuentra degenerada y en situación de inferioridad étnica; además, deben agregarse características como: "...las circunvalaciones frontales eran muy visibles, el delito fue el resultado fatal de un estado psicopático que, produciendo un desequilibrio intelectual, los empujó a la ejecución de actos que la conciencia censuraba".48 Comienza a perfilarse la idea de un status criminalis mexicano con catálogos de datos de delincuentes nacionales. Ferri es también traducido en la última decada del siglo XIX.49 En esa misma época ve a la luz la traducción En defensa de la escuela criminal positiva50 de la triada italiana. A principios del siglo XX la escuela positivista mexicana está lista para hacer sus propias conclusiones. Luis G. Sierra identifica ya desde la niñez "ciertas anomalías, ciertas malas conformaciones, ciertos desarrollos detenidos y degeneraciones".51 Por otro lado, Justo Sierra observa que existe "cierta propensión orgánica al delito en la mayor parte de los delincuentes".52 Existe además en México, un subestatus de manufactura nacional "el criminal hereditario" cuyos teóricos son Carlos Díaz Infante y Porfirio Parra, el primero dice "si la herencia mórbida es un hecho, también lo es la herencia que transmite inclinaciones o tendencias al crimen".53 El segundo detalla la clasificación: "individuos cuyo sistema nervioso pesa, como fardo abrumador, la durísima ley de la herencia morbosa... son una faz de la evolución regresiva en el ser humano",54 el status criminalis puede heredarse quizá no en la generación sucesiva pero algún día salta, así lo pone de manifiesto Martínez Baca "sabido es que no todos los miembros de la prole que proceden de un criminal son criminales, y que los exceptuados pueden reproducirse en varias generaciones sin que aparezca la tendencia al crimen; pero después de varias generaciones, reaparece un delincuente cuyas tendencias al vicio... son resultado de la herencia de vuelta".55 Martínez Baca vuelve a la carga, esta vez trae consigo a Agustín Verdugo "el aspecto feroz y provocante que tienen la mayor parte de los delincuentes, en cuyo rostro se reflejan las pasiones malvadas, es aquello que distingue al hombre delincuente del hombre honesto, y la marca con que la naturaleza lo señala para distinguirlo de otros hombres".56 El propósito es englobar en una categoría al delincuente sea por su aspecto físico o por su comportamiento bárbaro, así Díaz Infante opinaba que "sin duda el criminal ofrece con frecuencia, una fisonomía que le es especial y propia por lo repulsiva; tanto es así que su fealdad ha pasado a ser proverbial".57 Y Rafael Zayas asegura que el criminal tiene: rasgos (que) no son los del obresro que ejecuta una industria honrosa, ni los de un agricultor, ni los de un empleado del camino de hierro. El rostro de este tipo es grosero, anguloso, estúpido: el color sucio. Las mujeres son feas de formas, de facies y de movimientos; todas tienen una expresión de fisonomía y de actitud tan siniestra como repulsiva.58 Se podría deducir de estas observaciones que el delicuente antes que otra cosa era feo, tan feo que causaba repulsión. En cuanto a las actitudes y aptitudes personales Porfirio Parra detalla: "Son de inteligencia escasa, aunque a veces no carezcan de imaginación y de locuacidad, de carácter irascible, de trato dificil, de ánimo apocado, de afectos movibles y variables, están sujetos a innumerables antojos y a indecibles caprichos, y su conducta es muy poco honesta".59 Estas conclusiones que parecían irrebatibles, se apoyaban en observaciones según sus sostenedores, objetivas que encontraban en los delincuentes, pero en los confines de la modernidad o quizá más allá de ella, viene en mente el pensar junto con uno de los teóricos penalistas más en voga actual, tal vez "el sistema penal siempre opera selectivamente o sea que caen los más vulnerables".60 Así podría concluirse que entonces el delincuente no es un eslabón perdido como pensaban los positivistas o antropólogos criminales sino cualquiera que en determinada etapa histórica se encontraba en la categoría de vulnerable sumado a esto, las situaciones concretas que lo llevaron a delinquir. Ahora quiero consignar un caso legal de trascendencia jurídica de la criminología positiva en el Código Penal del Estado de Michoacán, es una reforma al Código de 1896 propuesta por Miguel Mesa, director de la escuela de Jurisprudencia del Estado quién dice: según el criterio moderno la penalidad, o el derecho de castigar se apoya en la necesidad de retirar los elementos morbosos del organismo social o eliminarlos definitivamente cuando no son asimilables por su carácter destructor o amenazante para el equilibrio social, para la salud del organismo nacional.61 La reforma era al artículo 276 y se discutía sobre la posibilidad de conmutar la pena de muerte se podrá intuir cuál era la opinión de Mesa, de hecho la fracción primera de este artículo fue abrogada porque operaba la conmutación forzosa de la pena sólo pasados dos años — muy poco según el pensamiento expuesto— por lo que con la reforma la pena capital queda en pie pues el criminal michoacano además de todas las características antes expuestas era también astuto y lograba dar la vuelta a la ley.62 Todavía hace 30 años los mexicanos le organizaron a Lombroso un homenaje (en 1977), auspiciado por la Secretaría de Gobernación y organizado por Alfonso Quiroz Cuarón. Y creo que no será la última vez que oiré del atavismo, se seguirá escuchando todavía, ahora bajo el disfraz de la incontestable prueba del ADN y en el futuro próximo con la posibilidad de clonar delincuentes pero esto último es por ahora ciencia ficción. IV. CRIMINOLOGÍA Y DEMOCRACIA (A MODO DE CONCLUSIONES) El peligro es bien claro la discriminación que respecto a los elementos político-jurídico e histórico, es evidente es más debil desde el punto de vista teórico, tiene más bien la ventaja de ser multiplicado desde un instrumento real de sanción y de exclusión. La medicina como poder y el hospital psiquiatrico (o la prisión) como sanción consagran de hecho la operación de discriminación...el problema de Lombroso era, reducido al extremo, parte de movimientos sociales o anárquicos. ¿Cómo separar, en estos primeros movimientos aquello que podemos considerar válido de aquello que, en cambio, debemos criticar, excluir y castigar? ...Lombroso que era republicano, anticlerical, positivista, nacionalista, buscaba evidentemente de establecer la descontiunidad entre los movimientos en los cuáles se reconocía y aquellos de los que se consideraba enemigo y era necesario descalificar... La ciencia biológica, anatómica, psicológica, psiquiátrica, permitirá de reconocer inmediatemente en un movimiento político aquello que se puede realmente convalidar y que aquello es necesario descalificar.63 Descalificaciones de algunos para conseguir seguridades de otros al final sólo unos pueden gozar de la democracia, de esos `unos´, todos la gozarán, el conteo previo de los lugares reservados es necesario en la democracia moderna, un acto antidemocrático paradójico en su fundación, como en su momento lo advirtió Tocqueville: democracia liberal y sistema penitencial son elementos indisolubles. Primero en Estados Unidos y después en Europa, nos dimos cuenta que para crear una sociedad liberal-democrática estable, era necesario apurar una serie de instituciones —no sólo las prisiones sino también los manicomios y hospitales, escuelas, etcétera— en grado de producir el tipo de ciudadano apto al nuevo sistema político. El control social y la política penal en particular estaban declaradamente encaminadas a reforzar, o crear la responsabilidad individual. Las clases sociales fueron empujadas (¿u obligadas?) a adaptarse a nuevas condiciones sociales a través de la predicación y la transfusión institucional de una virtud capaz de tomar el lugar de aquella tradicional ya en crisis.64 Me he referido aquí a un estatus, es decir a una posición, a una situación dentro de un sistema legal y de políticas criminológicas, porque en el juego democrático de las sociedades occidentales existen claramente reglas y roles. Antiguamente el linaje y la genealogía eran quienes determinaban, en la modernidad se buscan otros sistemas por los cuales establecerlos, una vez hecho esto, se fijan en códigos: el principio democrático se enuncia `todos podemos votar y ser votados´ todos participantes de la dirección del destino nacional, pero esto es sólo un `derecho difuso´ porque es evidente que no todos son dirigentes, sino unos cuantos; la pregunta es ¿cómo determinarlo? En principio diría — sin especificar esta regla en ningún texto— que quién no puede participar, en primerísimo lugar es aquél que se encuentra dentro el status criminalis, que ha demostrado — por sus antecedentes o por sus apetitos desviados— ser un peligro para la sociedad. La moderna criminología, de corte socialista, se ha permitido formular el principio: `la sociedad puede defenderse de los mórbos que la atacan´, al inicio esta eliminación se propuso en modo radical, mientras se disminuían las penas y se aumentaban las ayudas para aquellos " delincuentes improvisados" orillados por la necesidad a delinquir. Una cosa es cierta, aquél que se demostraba atávico debía pagarla cara. El peligro de la postura es claro: porque ¿quién determina el status criminalis y bajo qué condiciones? La respuesta la encuentro en un instrumento que debe manejarse con mucho cuidado, responsabilidad adjunta de la cual el jurista no puede eximirse una vez que ha consignado dicho instrumento al Estado a través de un Código Penal, sobre todo, si se tiene en cuenta que en México el principio implícito que la gente común maneja es el inverso al deseado por la ciencia penal es decir "culpable hasta que se demuestre lo contrario".
* El título lo inspiró una escena de la Galería de Arte Moderno de Florencia en la esquina de una sala conviven una obra pictórica de Bezzuoli y una escultórica de Duprè de finales del XIX, ambas toman por sujeto a Caín, los rasgos de Caín son los mismos en dos direrentes artístas y en dos artes plásticas diversas, es un Caín con la frente amplia, barbado, cabellos rizado y oscuro, es un Caín malhechor, es la imagen del malo decimonónico. Adán tendrá dos hijos Abel el normal, el justo y Caín el envidioso el asesino, la herencia de Caín pasa de generación en generación originando dos tipos de hombres nosotros los buenos (al menos hasta que no descubramos el tener la herencia negativa) y todos los otros: delincuentes por naturaleza, descendientes de Caín. Notas:
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